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Mario Sobarzo - Jugar Ajedrez con Piezas Blancas

Escrito por Webmaster el 31 dic. 2010 | 20:02


Jugar Ajedrez con Piezas Blancas

 (N.E: Texto en respuesta a la publicación:
http://sentimiento-oceanico.posterous.com/imaginarios-en-la-izquierda-chilena)


  Quiero comenzar la respuesta a este debate analizando la imagen que acompaña la respuesta de Mario Domínguez: Allende jugando ajedrez. Una imagen vale más que 100 palabras según el dicho popular.

  La imagen en sí misma resulta inquietante. No sólo por ver a una figura muerta que nos da seguridad de entender lo que está haciendo (mueve una pieza que parece adentrarse en las líneas enemigas).

  Pero, la imagen no sólo nos muestra eso: Allende sostiene su cabeza en su mano izquierda mientras con la derecha juega.

Pero, no sólo nos muestra eso: el partido se está jugando con piezas reales. Una fórmula bastante extraña al ajedrez moderno, que prefiere las piezas Staunton, por lo que las piezas reales quedaron convertidas en signos de nobleza.

  Pero, no sólo la foto tiene esta capa de visibilidad. En el fondo de la foto podemos observar una especie de dobles funcionales a las piezas de Allende (blancas), una especie de ejército auxiliar que podría cambiar el destino del juego, en caso de ser necesario.

  Pero, lo que realmente me inquieta de toda la foto es el color de las piezas con que juega Allende (blancas). En el ajedrez esto implica la ventaja táctica, respecto al partido. Lo que implica una victoria más probable (mayoritariamente).

  Si extrapolamos la imagen a la realidad, sería como si Allende hubiera tenido la ventaja táctica en una lucha para evitar el golpe. Pero, en el juego de ajedrez tendría que saber que el objetivo no se dirige sólo a contemporizar para evitar sacrificar piezas, sino en dar jaque mate al adversario. Lo cual en la vida real no sucedió ni en el mejor de los casos, pues el problema de fondo no era lo que hiciera o no hiciera el Gobierno y los partidos que lo apoyaban (MIR incluido), sino que el golpe estaba decidido desde antes que asumiera, como lo han mostrado películas como La Espiral de Armando Mattelart y más recientemente los propios archivos desclasificados por EE.UU.[1], los que incluso generaron una petición de disculpa de EE.UU. y el compromiso a que no iba a suceder nunca más.

  Así las cosas, la pregunta de fondo en nuestro debate por la lectura del periodo actual tiene que ver con los logros, alcances y el fundamento analítico en que se sustenta la postura del artículo en cuestión versus la que yo sostengo, y que el 1º hace extensivo a un imaginario de izquierda en Chile. Así que vamos por parte, pues creo que a esa postura le pasa lo mismo que a la imagen con que se la ilustra.

  Lo 1º que debatiría es la amargura de este sujeto político de izquierda ante la imposibilidad de generar un programa que pudiera disputar el control del Gobierno a la Concertación y a la Derecha. La verdad es que discrepo de esto por, al menos, 3 razones: 1) la homologación de la amargura del sujeto “idiotizado, destrozado y mutilado”, y la incapacidad de una “tendencia” (llamémosla así, por mientras) política de izquierda; 2) el supuesto de que tomar el Gobierno o el Ejecutivo es algo importante; 3) la creencia que un programa puede construirse en cúpulas. Colijo esto último del hecho que si los colectivos no se conocen (ni lo que es peor: se reconocen), los únicos que podrían consensuar el programa serían líderes. Lo cual está en directa oposición con el sentido de construcción que significan estas formaciones.

  Pero, me interesa sobre todo debatir los puntos 1 y 2. Si partimos de las 2 premisas gramscianas (o marxistas) parece obviar afirmar que la revolución llegó a ser una posibilidad muy real desde al menos fines del siglo XIX, cuando el capital alcanzó su mundialización y la forma Estado-Nación (inicios del XX) se convirtió en la articulación geopolítica dominante. La pregunta entonces no es si están o no dadas las condiciones a futuro. Como diría Benjamin, no pienses en los nietos a los que liberarás, sino en los antepasados a los que vengarás. Esta conciencia histórica que las clases populares aprenden del pasado para cambiar su presente, implica que ellas no quieren vivir pensando en la acumulación de fuerzas tácticas para el momento del asalto a los cuarteles de invierno, que nos permitirán construir el paraíso mañana. Esa es una conciencia socialdemócrata diría el mismo autor (por ejemplo en su tesis XII de Sobre el Concepto de Historia).

  Esta conciencia histórica es muy material y real: no hay ningún trabajador que no la viva y padezca.

  En el caso de la burguesía hicieron falta más de 800 años para que ella alcanzara a superar plenamente el modelo feudal, con su fundamentación trascendental del poder regio y su aparato político dominante (la Iglesia). En ese camino los ensayos y fracasos fueron muchos, es cosa de ver la revolución francesa y lo que implicó la restauración de la Santa Alianza, o el Gobierno de Cromwell en Inglaterra, o más cerca, los 200 años de historia de Bolivia antes de la llegada de Evo Morales al poder. Pero, cuando logró autodefinirse no quedaron más que resabios anacrónicos a la formación capitalista (sentido de nobleza, honor, respeto y otras tantas falsedades ideológicas que permiten su funcionamiento, como ya lo señalara Maquiavelo hace casi 500 años).

  En este sentido es cierto que el capitalismo aún no ha desplegado todas sus potencialidades y por eso todavía resulta atractivo para las clases que lo padecen. Sin embargo, estoy convencido que su límite está ad portas: nos enfrentamos a una catástrofe ambiental global (incluso Chile reconoce que el jurel está en línea directa de extinción en menos de 15 años al ritmo actual de explotación[2]), social (la propia UNICEF ha señalado que el siglo XXI sería conocido por las guerras del agua y reconoce zonas en que esto es crítico[3]) y política, de proporciones, debido a que las tasas de crecimiento económico son contradictorias a niveles nunca antes vistos en la historia. Un ejemplo chileno: entre el año 2004 y 2007 los 4 principales bancos chilenos acumularon una ganancia de 1000% (la noticia es del cuerpo B del Mercurio).

  Pero, es en el área política donde esto es más notorio. Desde hace algún tiempo sostengo que la crisis política chilena no es 1, sino triple: existe una crisis de participación (l@s ciudadan@s no votan, más aún, no se inscriben y esto es más fuerte en las clases populares); existe una crisis de legitimidad (la gente percibe la política como un club privado y cuenta con menores niveles de adhesión de confianza según las mismas encuestas del poder); y además, hay una crisis de operatividad (la democracia burguesa chilena es incapaz de resolver las contradicciones inherentes a sí misma, siendo una prueba de ello los 2 ejemplos anteriores, pero haciéndose notorio en su incapacidad de mutar al mismo ritmo que la sociedad chilena).

  Esta triple crisis implica que el ingreso del PC en el juego electoral nacido de los acuerdos de Transición, realizados a puerta cerrada del pueblo y expresados en la alianza de clases en torno al parlamentarismo burgués, es un error más de un partido que ha llegado a su mínima expresión histórica (hoy no posee intelectuales relevantes, tiene escasa participación electoral, no logra unir a las fuerzas de izquierda –las que desconfían de él-, y a las del centro le parece grotesco, como lo señalaba Juan Pablo Gutiérrez en el propio debate que dio inicio a esta respuesta). Su máximo nivel de apoyo está en los trabajadores sindicalizados (mayoritariamente públicos) y en las Universidades tradicionales (o sea, claramente elitizadas en su mayoría). Esto en sí, debiera ser señal de pobreza a la hora de negociar el pacto electoral con la Concertación.

  El hecho de haber conseguido 3 diputados desde el punto de vista táctico es poco más que una limosna electoral y menos que una victoria política (pues quedó clara su inferioridad estructural para enfrentar una elección política). Entrar de lleno en un sistema en crisis para acumular fuerzas es una contradictio in adjecto, o sea una contradicción en los términos. Y esto es, siguiendo un análisis materialista de las correlaciones de fuerzas: en el mejor momento de la alianza conocida como Juntos Podemos Más, Jorge Arrate, su candidato alcanza apenas un 6,2% de un padrón electoral envejecido y en el que más de 1 millón de personas no votan. Las fuerzas que puede acumular son justamente ese sujeto que el artículo de Mario Domínguez describe como idiotizado por los medios de comunicación.

  Por supuesto que esto no implica que las formaciones sociales deban renunciar a la lucha política. Muy por el contrario, como lo señala Zibechi: sólo existen en el conflicto[4]. La pregunta es por el escenario y las alianzas en él. Una política de alianzas con las fuerzas antagónicas a las clases sociales populares, sus formas de existencia materiales (autogestionarias, autónomas y en conflicto con el sistema socioeconómico) y su estrategia objetiva (lo que las lleva al conflicto, es decir la lucha de clases), es no un acto de traición, sino sencillamente una idiotez. No hay necesidad de articular desde todas partes. Esa es una tesis socialdemócrata que es impracticable, pues entra en contradicción con el fundamento central del marxismo: la creencia en formaciones sociales en conflicto. Pues, una cosa es que los individuos que integran las clases se unan a la clase opuesta, y otra muy distinta, que los partidos que dicen representarlos se alineen tras los intereses de la clase enemiga. Eso sí es traición.

  La lucha de clases no es espontánea, es inherente. A nosotros nos parece espontánea, pues no podemos observar la totalidad del proceso. Lo que no implica que ella no pueda ser potenciada y que los actores que lo hacen estén limitados en sus análisis por las visiones de otros grupos, orgánicas o colectivos. Creo que lo que marca la diferencia entre el análisis del artículo y el mío respecto a esto, son 3 elementos: 1) la creencia en la capacidad de construcción cotidiana mediante formaciones móviles y en constante proceso de rearticulación político; 2) la confianza en la capacidad de movimiento propia de estas formaciones rizomáticas y, por lo tanto, en su adaptabilidad a un sistema social marcado por la fragmentación, el desarraigo, la desafección y otras manifestaciones propias del capitalismo cognitivo, siendo mucho más eficaces en sus tácticas y en sus procesos de autoconciencia, que las viejas estructuras leninistas centralizadas; 3) el análisis material de su crecimiento y capacidad de generar poder desde abajo, invisiblemente, mediante formas relacionales que fracturan el modo de vida dominante y sus prácticas hegemónicas, es decir configuran procesos de resistencia global, que pueden llegar a convertirse en contrapoder, esto es: una forma de organización vital opuesta a lo existente y capaz de desarticular sus mecanismos de control, disciplinamiento y securitización, en palabras de Negri[5].

  Por último, estando de acuerdo con que la realidad social se entiende desde lo lingüístico (la descripción que cita y el propio concepto usado le parecería muy aceptable al postestructuralismo francés), es en la descripción de la contaminación de las lacras sociales en las zonas populares, donde más discrepo con el artículo. Y lo hago justamente porque los componentes de los sistemas sociales nunca pueden ser entendidos aisladamente, como el mismo lo señalaba. Suponer que esas son lacras de las clases sociales populares es no atender a la realidad concreta. Esas lacras son sociales y como tal afectan a todas las clases que la componen. El hecho de que las cárceles estén llenas de integrantes de las clases populares, sólo nos muestra la capacidad represiva del Estado y su fundamentación ideológica extremadamente eficaz… pero, hasta eso llega a su fin, como nos lo ha recordado el incendio en la cárcel de San Miguel y el cuestionamiento a las actuales políticas penitenciarias.

  Así las cosas, aceptemos que hay proyectos alternativos y más aún, en disputa, en la medida que el PC se une a algunas fracciones de la Concertación (que no han tenido problemas en integrar el sistema neoliberal). Esto implica un conflicto que no necesariamente deba prolongarse. Es más estoy convencido que las propias bases del PC están tan desafectadas de sus líneas dirigentes que much@s militantes se están pasando a estas otras formas de hacer política y construir organización. Sus resultados se irán viendo poco a poco.

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[1] Véase: http://ciperchile.cl/2010/06/30/las-ineditas-cintas-de-nixon-sobre-chile-y-allende-el-lenguaje-del-imperio/
[2] Véase: http://www.elciudadano.cl/2009/01/06/movimiento-de-los-pueblos-llama-a-pronunciarse-en-contra-de-la-pesca-de-arrastre/
[3] Véase: http://www.taringa.net/posts/info/2027407/_Este-sera-el-siglo-de-las-guerras-del-agua_.html
[4] Véase: Zibechi, R.: Los Movimientos Sociales Latinoamericanos: tendencias y desafíos
En: http://www.insumisos.com/lecturasinsumisas/Los%20movimientos%20sociales%20latinoamericanos.pdf
[5] Véase el artículo Contrapoder en: Contrapoder. Una introducción. Ed.de Mano en Mano. Argentina, 2001.
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